La inteligencia artificial (IA) suele presentarse como una herramienta estratégica para mejorar la competitividad empresarial. Sin embargo, el artículo “The Ethical Case for Using AI as a Workplace Safety Enhancement”, escrito por Julia Penfield, propone un ángulo distinto: adoptar IA en materia de seguridad laboral no es solo un movimiento de negocio, sino un imperativo moral.
El texto recuerda que, si bien la seguridad en el trabajo ha mejorado notablemente desde los años 70 —con una reducción cercana al 80 % en lesiones leves gracias a regulaciones y mejores prácticas—, la tasa de lesiones graves y muertes laborales apenas ha disminuido en las últimas décadas. Es decir, los trabajadores hoy sufren menos accidentes menores, pero siguen enfrentándose a riesgos fatales con la misma frecuencia que hace medio siglo.
Las razones de esta paradoja son múltiples: limitaciones presupuestarias, escasez de especialistas en seguridad y una creciente carga administrativa que resta tiempo a la prevención efectiva.
IA como aliada
Frente a este panorama, Penfield sostiene que la IA puede ser un punto de inflexión. Entre sus aplicaciones más relevantes destacan:
- Detección de riesgos ocultos: analizar reportes de incidentes y “casi accidentes” para identificar amenazas antes de que provoquen daños.
- Evaluaciones de seguridad automatizadas: ofrecer a trabajadores y supervisores análisis inmediatos de los riesgos de cada tarea, actuando como un “asesor virtual de seguridad” disponible las 24 horas.
- Análisis ergonómico mediante video: identificar problemas posturales o repetitivos que podrían causar lesiones crónicas.
- Investigación de causas raíz: procesar grandes volúmenes de datos tras un accidente para señalar con objetividad los factores que lo originaron.
- Visión integral en grandes organizaciones: consolidar información de múltiples plantas para detectar patrones de riesgo y replicar las mejores medidas preventivas en toda la compañía.
Penfield enfatiza que el valor de la IA en seguridad no debería medirse solo en términos de ahorro o productividad, sino en su capacidad de salvar vidas. “Usar IA para mejorar la seguridad de los trabajadores no es solo un imperativo empresarial —es un imperativo moral”, concluye la autora, quien se desempeña como vicepresidenta de Investigación y Aprendizaje Automático en VelocityEHS.
El artículo plantea un llamado claro: ignorar las posibilidades de la IA equivale a aceptar el statu quo, en el que miles de trabajadores siguen expuestos a lesiones graves y muertes evitables. Para las empresas comprometidas con el bienestar de sus empleados, la IA ya no es solo una opción tecnológica, sino una responsabilidad ética y profesional.
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