Lluvias intensas, huaycos, colapsos eléctricos y trabajadores expuestos a enfermedades infecciosas: el Fenómeno El Niño no es solo un problema climático, es un riesgo laboral que las empresas peruanas están obligadas a prevenir. Así lo establece SUNAFIL en su guía sobre planes de preparación y respuesta ante esta amenaza.
Cuando se piensa en El Niño, suele imaginarse inundaciones en viviendas o carreteras cortadas. Pero según la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral (SUNAFIL), este fenómeno genera escenarios de riesgo directo para los trabajadores: derrumbes en estructuras, colapsos en vías de transporte, fallas en sistemas eléctricos y de servicios básicos.
Las consecuencias no son solo materiales. SUNAFIL identifica daños concretos a la salud de los trabajadores: accidentes por caídas en superficies con agua o resbalosas, electrocuciones, exposición a enfermedades infecciosas y ausentismo laboral. A esto se suma el impacto socioeconómico: la producción o el servicio de una empresa puede verse directamente afectado, con la consecuente disminución del rendimiento económico.
Este marco de responsabilidad no es voluntario. La Ley N° 29783, Ley de Seguridad y Salud en el Trabajo, establece como objetivo promover una cultura de prevención de riesgos laborales en el país, sustentada en tres pilares: el deber de prevención de los empleadores, el rol de fiscalización del Estado y la participación de los trabajadores a través del diálogo social.
Cómo se construye un plan de respuesta eficaz
SUNAFIL define el Plan de Emergencia como un documento guía de las medidas que deben tomarse ante situaciones de gran envergadura. Este documento debe incluir responsabilidades de personas y departamentos, recursos disponibles del empleador, fuentes de ayuda externas, procedimientos generales y la autoridad para tomar decisiones.
El plan persigue cuatro objetivos concretos: guiar a la empresa hacia una respuesta oportuna ante los sucesos adversos del FEN, sostener la continuidad segura de la actividad económica, fortalecer los componentes del Sistema de Gestión de Seguridad y Salud en el Trabajo (SGSST) y cumplir con la obligación legal vigente.
Su alcance es amplio: la aplicación es obligatoria para todos los trabajadores, incluyendo al personal bajo regímenes de intermediación y tercerización, modalidades formativas laborales y quienes prestan servicios de manera independiente dentro de las instalaciones.
Para elaborarlo, SUNAFIL propone cuatro pasos secuenciales: evaluar el riesgo (cruzando probabilidad y severidad mediante la matriz IPERC), organizar la respuesta a través del Comité de Seguridad y Salud en el Trabajo (CSST) y las brigadas, preparar al personal con capacitación y simulacros, y finalmente documentar y mejorar el plan de forma escrita.
La estructura de respuesta cambia según el tamaño de la empresa: las que tienen más de 20 trabajadores organizan un Comité de Crisis con un Jefe de Brigada y cuatro brigadas especializadas (primeros auxilios, lucha contra incendios, evacuación y rescate, y brigada especial), mientras que las de menos de 20 trabajadores operan con un Jefe de Brigada y una Brigada General, según el modelo del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE).
Antes, durante y después: el protocolo completo de actuación
La respuesta ante el FEN se organiza en tres momentos, cada uno con acciones específicas documentadas por SUNAFIL.
Antes de la emergencia, las acciones críticas de preparación se agrupan en cuatro frentes: gestión de infraestructura y riesgos (revisión de techos, canaletas y ventilación), verificación de equipos de emergencia (extintores vigentes, luces de emergencia, sistemas de alarma operativos), capacitación y comunicación (rutas de evacuación conocidas, brigadistas identificados) y mantenimiento preventivo (inspecciones de instalaciones eléctricas y de gas).
Durante la emergencia, el protocolo tiene dos fases. En la primera, al activarse la alerta, la prioridad es mantener la calma e identificar el tipo de evento: ante lluvias intensas hay que refugiarse siguiendo el plan; ante inundaciones o huaycos, subir a zonas altas; ante incendios, mantenerse agachado y cubrir nariz y boca con tela húmeda. En la segunda fase, de respuesta coordinada, el personal escucha al Jefe de Brigada, ejecuta acciones seguras (como desconectar equipos eléctricos) y se prepara para evacuar por rutas señalizadas, sin correr ni usar ascensores.
Después de la emergencia, el proceso también sigue tres fases: atención inmediata a los afectados y conteo final del personal en el punto de reunión; evaluación estructural de las instalaciones antes de autorizar el reingreso, que debe ser gradual y supervisado; y finalmente una evaluación del proceso con todos los involucrados para documentar lecciones aprendidas y actualizar el plan.
Los simulacros son la herramienta que permite comprobar si todo esto funciona en la práctica. Según SUNAFIL, estos ejercicios validan la efectividad real del plan, miden el desempeño de brigadistas y personal, y prueban el funcionamiento de equipos y sistemas. En cada simulacro se evalúa el tiempo total de evacuación, el tiempo de activación de brigadas, la reacción ante la emergencia, el conocimiento de rutas, el funcionamiento de alarmas y la efectividad de la señalización.
La capacitación se diferencia según el rol: los brigadistas reciben formación en primeros auxilios avanzados (RCP, hemorragias, fracturas), lucha contra incendios y técnicas de evacuación y rescate, mientras que el personal general se capacita en uso básico de extintores, reconocimiento de rutas de evacuación y procedimientos de alerta.
La información de SUNAFIL deja un mensaje claro: prepararse ante El Niño no es un trámite burocrático, sino una obligación que protege vidas y sostiene la actividad económica de miles de empresas. Los puntos de reunión deben ser zonas seguras, con capacidad suficiente y debidamente señalizadas; las brigadas deben conocer sus funciones; y el plan debe revisarse tras cada evento para mejorar.
La pregunta que cada empresa debería hacerse no es si el FEN llegará, sino si su plan de respuesta —y su gente— están realmente listos para cuando lo haga.

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